Megaloeritema o La Quinta Enfermedad

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megaloeritema

¿Qué es?
El megaloeritema, también llamado eritema infeccioso y quinta enfermedad, es una enfermedad benigna causada por un virus, que se manifiesta inicialmente en la piel con una erupción característica en las mejillas que hace que parezca que al niño le han abofeteado la cara. Afecta con más frecuencia a los niños en edad preescolar o escolar durante la primavera, pero pueden existir casos en cualquier época del año. Alrededor del 50% de los adultos han pasado la infección por este virus, pero la mayoría de ellos no lo recuerdan.

¿Cuáles son los síntomas?
Empieza con escasa fiebre, dolor de cabeza y síntomas catarrales leves. Estos síntomas acaban remitiendo y, cuando la enfermedad parece haber pasado, brota la erupción característica al cabo de pocos días, que comienza en las mejillas y es de color rojo intenso. Luego se extiende en sentido descendente por el resto del cuerpo, apareciendo manchas más pálidas en el tronco, los brazos y las piernas, como dibujando encajes. No suele aparecer en las palmas de las manos y las plantas de los pies. Con el tiempo las manchas se van aclarando por el centro, adquiriendo un aspecto parcheado. Como norma los niños se recuperan rápidamente y sin complicaciones. Determinados estímulos como la luz solar, el calor, el ejercicio y el estrés pueden reactivar la aparición de la erupción, para desparecer completamente en un período de una a dos semanas. Ocasionalmente se presenta dolor articular (en adolescentes o adultos) o anemia. Esta última puede ser grave si el paciente tiene un problema en su sistema inmunitario o alguna otra forma de anemia anterior.

¿Qué lo produce?
El megaloeritema está provocado por el parvovirus B19, que es un virus exclusivamente humano. Por lo tanto, no puede existir contagio de los humanos a los animales o viceversa.

¿Es contagioso?
Si, es contagioso. Una persona infectada por parvovirus es más contagiosa durante el período de incubación (etapa de tiempo comprendida entre la entrada del virus y la aparición de los síntomas) o durante el período catarral. El contagio se produce por contacto con secreciones infectadas procedentes de la nariz, la boca o la garganta, especialmente las gotitas que se expelen al toser y estornudar. También puede haber contagio por compartir vasos y cubiertos. La  probabilidad de infectarse tras un contacto con esta enfermedad es de un 50%. Una vez infectado por el parvovirus B19, el individuo se hace inmune al mismo y, por lo general, no vuelve a tener esta enfermedad.

¿Cuál es el período de incubación? 
El período de incubación oscila entre 4 y 28 días, con un promedio de 16 a 17 días.

¿Cómo se diagnostica?
El diagnostico es clínico por las características de la erupción cutánea. En cuanto a las pruebas de laboratorio, por lo general no son necesarias, pero en situaciones especiales se podría recurrir al estudio de anticuerpos sanguíneos frente al virus.

¿Cuál es su tratamiento?
En la gran mayoría de los casos se trata de una afección tan leve que no requiere tratamiento. Los niños se recuperan rápidamente y sin complicaciones. En caso de que se presenten molestias articulares, se puede administrar un analgésico (paracetamol o ibuprofeno).

¿Cuándo debo consultar?
El megaloeritema es una enfermedad con buena evolución espontánea. Sin embargo, puede complicarse si coexiste con embarazo, anemia crónica, cáncer o una enfermedad de la inmunidad. Es recomendable acudir al médico: Cuando un niño presente una erupción con fiebre, sobre todo si se extiende por todo el cuerpo y va acompañado de otros síntomas. Si está embarazada y le brota un exantema o si ha estado en contacto con alguien que lo presente.

¿Puede acudir a la guardería o al colegio?
Cuando están en la fase de erupción, que es cuando se puede reconocer la enfermedad, ya no son contagiosos, por lo que no es necesario tomar ninguna medida de aislamiento y el niño puede hacer vida normal, incluida la asistencia a clase.

¿Cómo prevenirlo?
No hay ninguna vacuna contra el parvovirus B19 y ninguna forma de prevenir la propagación del virus. Aislar a una persona que presenta el exantema característico de esta enfermedad no permite evitar el contagio porque, generalmente, cuando aparece el exantema la persona ya ha dejado de ser contagiosa. Tener unos buenos hábitos higiénicos, sobre todo lavarse frecuentemente las manos, siempre es una buena idea, puesto que puede ayudar a evitar el contagio de muchas infecciones.

Este texto, perteneciente a la Asociación Española de Pediatría, está disponible bajo la licencia Reconocimiento-NoComercialCompartirIgual 3.0 España.

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